Esta es la memoria gráfica de un viaje de cuatro amigos: Diego, Chivi, César y Roberto, al corazón de Marruecos.
Con la prudencia como compañera y la ilusión como guía, en mayo de 2009 pusimos rumbo a lo desconocido en busca del embrujo del desierto.
Regresamos con el equipaje cargado de aventuras, emociones y amigos.
miércoles, 1 de julio de 2009
jueves, 25 de junio de 2009
Memorias de África
Después de haber pasado tantos años en los estados occidentales estudiando en sus escuelas las ciencias de la naturaleza y las artes útiles al hombre en el estado de nuestra sociedad, tomamos por fin la resolución de viajar al desierto para observar las costumbres, usos y naturaleza de las personas y lugares que hallaríamos en nuestro camino.
En el momento que nos encontramos solos frente a la nada, quedamos sumergidos en la más profunda meditación. En efecto, educados en la Europa civilizada, nos veíamos caminando por una región salvaje, sin otra garantía para nuestra seguridad individual que la intuición y nuestras propias fuerzas.… una llanura de arena y piedras, que en realidad es un pequeño Sahara, en el cual adquiere el viento una rapidez asombrosa; la arena es de una finura tan sutil que forma en el terreno olas semejantes a las del mar. Estas olas son tan grandes que en pocas horas puede transportarse de un sitio a otro una colina de veinte o treinta pies de altura. Es cosa increíble a la que no nos fue posible dar crédito hasta haberla visto.
La marcha seguía siempre acelerada. Hambrientos de aventuras transitábamos separados de los caminos por medio del desierto, caminando sobre cantos rodados y a través de las montañas redondeadas.
Este lugar está enteramente falto de agua, no se ve ni un árbol ni una roca aislada que pueda ofrecer el más ligero abrigo o un poco de sombra. Una atmósfera perfectamente transparente, un sol inmenso que alancea la cabeza, un terreno casi blanco y ordinariamente de forma cóncava como un espejo ustorio, un vientecito ardiente como la llama, tal es el cuadro fiel de los sitios que recorrimos.
Todo hombre que se encuentra en esta soledad es considerado amigo…
Etapa 1 y 2
Zaragoza-Almería-Nador

Etapa 3
Erfoud-Merzouga
Etapa 4
Merzouga-Zagora
Etapa 5
Zagora-Dades
Etapa 6
Dades-Agoudal
En el momento que nos encontramos solos frente a la nada, quedamos sumergidos en la más profunda meditación. En efecto, educados en la Europa civilizada, nos veíamos caminando por una región salvaje, sin otra garantía para nuestra seguridad individual que la intuición y nuestras propias fuerzas.… una llanura de arena y piedras, que en realidad es un pequeño Sahara, en el cual adquiere el viento una rapidez asombrosa; la arena es de una finura tan sutil que forma en el terreno olas semejantes a las del mar. Estas olas son tan grandes que en pocas horas puede transportarse de un sitio a otro una colina de veinte o treinta pies de altura. Es cosa increíble a la que no nos fue posible dar crédito hasta haberla visto.
La marcha seguía siempre acelerada. Hambrientos de aventuras transitábamos separados de los caminos por medio del desierto, caminando sobre cantos rodados y a través de las montañas redondeadas.
Este lugar está enteramente falto de agua, no se ve ni un árbol ni una roca aislada que pueda ofrecer el más ligero abrigo o un poco de sombra. Una atmósfera perfectamente transparente, un sol inmenso que alancea la cabeza, un terreno casi blanco y ordinariamente de forma cóncava como un espejo ustorio, un vientecito ardiente como la llama, tal es el cuadro fiel de los sitios que recorrimos.
Todo hombre que se encuentra en esta soledad es considerado amigo…
Etapa 1 y 2
Zaragoza-Almería-Nador

Polizón a bordo.
Etapa 3
Erfoud-Merzouga
Etapa 4
Merzouga-Zagora
Etapa 5
Zagora-Dades
Etapa 6
Dades-Agoudal
Etapas 7, 8 y 9
Agoudal, Fes y a casa
Agoudal, Fes y a casa
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